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LOS PUERTOS GRISES

Eladia Blázquez

Eladia Blázquez Honrar la vida

No, permanecer y transcurrir
no es perdurar, no es existir,
ni honrar la vida.
Hay tantas maneras de no ser,
tanta conciencia sin saber,
adormecida.
Merecer la vida no es callar y consentir
tantas injusticias repetidas.
Es una virtud, es dignidad
y es la actitud de identidad más definida.
Eso de durar y transcurrir
no nos da derecho a presumir
porque no es lo mismo que vivir
honrar la vida.
No, permanecer y transcurrir
no siempre quiere sugerir
honrar la vida.
Hay tanta pequeña vanidad
en nuestra tonta humanidad
enceguecida…
Merecer la vida es erguirse vertical
más allá del mal, de las caídas.
Es igual que darle a la verdad
y a nuestra propia libertad
la bienvenida.

Con las alas del alma.

Con las alas del alma desplegadas al viento
desentraño la esencia de mi pobre existencia
sin desfallecimiento,
y me digo que puedo como en una constante
y me muero de miedo, pero sigo adelante.
Con las alas del alma desplegadas al viento,
porque aprecio la vida en su justa medida
al amor lo reinvento.
Y al vivir cada instante y al gozar cada intento,
sé que alcanzo lo grande,
con las alas del alma desplegadas al viento.
Con las alas del alma desplegadas al viento,
más allá del asombro me levanto entre escombros
sin perder el aliento
y me voy de las sombras con algún filamento
y me subo a la alfombra con la magia de un cuento.
Con las alas del alma desplegadas al viento
atesoro lo humano cuando tiendo las manos
a favor del encuentro
por la cosa más pura con la cual me alimento
por mi pan de ternura
con las alas del alma desplegadas al viento.
Con las alas del alma desplegadas al viento,
ante cada noticia de estupor, de injusticia,
me desangro por dentro
y me duele la gente, su dolor, sus heridas,
porque así, solamente, interpreto la vida.
Con las alas del alma desplegadas al viento,
más allá de la historia, de las vidas sin gloria,
sin honor ni sustento,
guardaré del que escribe su mejor pensamiento.
Quiero amar a quien vive
con las alas del alma desplegadas al viento.

Prohibido prohibir

No se puede prohibir ni se puede negar
el derecho a vivir, la razón de soñar…
No se puede prohibir el creer ni el crear,
ni la tierra excluir, ni la luna ocultar…
No se puede prohibir ni una pizca de amor,
ni se puede eludir que retoñe la flor…
Ni del alma el vibrar ni la vida en su andar…
ni del pulso el latir. No se puede prohibir.
No se puede prohibir la elección de pensar
ni se puede impedir la tormenta en el mar…
No se puede prohibir que en un vuelo interior
un gorrión, al partir, busque un cielo mejor…
No se puede prohibir el impulso vital
ni la gota de miel ni el granito de sal…
Ni las ganas sin par ni el deseo sin fin
de reír, de llorar. No se puede prohibir.
No se puede prohibir el color tornasol
de la tarde, al morir en la puesta de sol.
No se puede prohibir el afán de cantar
ni el deber de decir lo que no hay que callar…
Sólo el hombre, incapaz de entender, de sentir,
ha logrado, al final, su grandeza prohibir.
Y se niega al sabor y la simple verdad
de vivir en amor y en total libertad…
Si tuviese el poder de poder decidir…
dictaría una ley: ¡Es prohibido prohibir!

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